Primeros pasos por China, el Gigante Asiático

Es difícil de describir pero tan solo cruzar la frontera me dí cuenta
que ahora sí, estaba en CHINA! Por diferentes razones, quizás por el
clima y el contexto que te rodea o bien porque los letreros que antes
se podían leer en inglés dejan de existir y uno no entiende
absolutamente nada (suerte que los números son iguales!). Se trata de
una emoción, una excitación, un subidón de adrenalina que me hicieron
sentir por momentos como si estuviera emprendiendo un nuevo viaje.
Continuamente se repite la misma frase, la misma exclamación que te
provoca mucha ilusión y a la vez incredibilidad; “Estoy en China?!”.
Parece increíble estar en esa tierra de la cual has escuchado hablar
tantas veces e incluso has pronunciado su nombre en muchas
conversaciones o bien te has cruzado más de una vez con su gente en tu
ciudad. Y es que China es de esos países que uno sabe perfectamente
donde se encuentra pero que nunca se habría planteado poder visitar.
Una de las principales potencias mundiales (por no decir la primera),
un enorme país con sus más de 1.300 millones de habitantes, una
cultura milenaria de las más antiguas del mundo, un subcontinente en
el cual estoy convencido que tengo mucho que aprender y descubrir. No
se muy bien cuanto tiempo estaré por estas tierras aunque estoy
convencido que no va a ser poco. Viajar por China va a ser toda una experiencia.

En Shenzhen, la ciudad fronteriza con Hong Kong, después de dar
algunas vueltas por la estación conseguí enterarme en que andén (mas
de 50) debía dirigirme para coger el autobus con dirección a la ciudad
de Guangzhou. Hasta el momento había viajado sin guías de viaje con
bastante facilidad pero aquí en China se hace casi imprescindible
llevar alguna herramienta de ayuda (una aplicación en el móvil por
ejemplo) que te permita por lo menos comunicarle a la gente a donde
quieres ir o lo que estás buscando. Al llegar a Guangzhou me di cuenta
de esto. Quería orientarme y saber en que estación de autobuses me
encontraba. Después de preguntar a varias personas, las cuales me
intentaron ayudar muy amablemente, no conseguí saber el nombre de la
estación y decidí coger un taxi para dirigirme al hostal. Era mi
primer día y quise tomarmelo con calma.

Guangzhou (también llamada Cantón) es una ciudad de 12 millones de
habitantes a 150 kilómetros de Shenzen. Aunque no se trata de un lugar
muy interesante decidí pasar 3 noches. Me dí unos largos paseos por
las anchas avenidas, calles iluminadas con rascacielos, centros
comerciales, mercados de todo tipo (especies, pescado, te, etc) y
visité un inmenso parque en el cual, como ya venía siendo habitual,
estaba lleno de gente practicando diversas actividades (incluso
karaoke!). También me aventuré en diferentes tipos de transporte como
el ferry que cruza el río de las Perlas (uno de los más importantes),
los autobuses interurbanos y utilicé varias veces la extensa línia de
metro. El lugar donde me alojé estaba justamente en frente del río con
un largo paseo donde cada noche pude presenciar diferentes grupos de
gente bailando en varios estilos y haciendo ejercicio. Aquí la gente
se toma en serio y le da mucha importancia al deporte. Además, cerca
del hostal había una larga calle con cantidad de restaurantes y
puestos callejeros con una gran variedad de comida. No hubo día que no
probara un tipo de comida distinto ya que al no entender absolutamente
nada de lo que ponía en el menú me dejaba llevar y escogía al azar.
Realmente no era un problema ya que todo era exquisito. La comida
china es de lo más variada y deliciosa.

De entre tantas anécdotas que podría contaros me acuerdo de una que
fue muy divertida. Estaba paseando por un parque cuando un grupo de
tres chicas se acercó haciendome preguntas con un micrófono
improvisado y una cámara de vídeo. Eran estudiantes universitarias que
estaban haciendo entrevistas para prácticar su inglés. Fué muy
gracioso y aproveché para empezar a aprender alguna palabra en
mandarín.

Desde Guangzhou me monté en un autobús con literas y después de 6
horas llegué a la “pequeña” ciudad de Yangshuo. Es un lugar turístico,
especialmente entre los chinos, aunque se encuentra en medio de un
paisaje kárstico espectacular que vale la pena presenciar (me recordó
a los alrededores de Ninh Binh, Norte de Vietnam). Rodeado de enormes
rocas y montañas las cuales aún siguen aumentando su tamaño y altura
año tras año. Tan solo pasé un par de noches pero fue suficiente para
explorar la zona. Alquilé una bicicleta y visité varios pueblos de los
alrededores ubicados a orillas de un río donde la atracción turística
es montarse en una balsa de bambú. Fueron más de 20 kilómetros
pedaleando, disfrutando del imponente escenario y observando a los
lugareños como trabajan el campo (todo milimétricamente cortado y
cuidado).

Quizás podría haber pasado una noche más y volver a practicar la
escalada, tratándose de un lugar ideal para al que le gusta. Aunque
preferí dejarlo para más adelante y seguir mi ruta hacia el suroeste,
la provincia de Yunnan, una región de la cual había recibido muy
buenas recomendaciones. Según muchos viajeros tiene un parecido con el
sureste asiático, ubicada al norte de Myanmar, Laos y Vietnam. Llegar
hasta la capital de Yunnan, la ciudad de Kunming, fue un viaje largo
ya que fueron un total de 19 horas sentado en el tren. Aunque se hizo
ameno al compartir buenos momentos con la gente intentando aprender
palabras en Chino, siendo invitado a comer en mas de una ocasión,
practicando el inglés con algun atrevido, contemplando la rutina de
los revisores que no dejan de pasar por los vagones vendiendo desde
comida hasta auriculares para el móvil y, en general, observando y
disfrutando de la primera experiencia viajando en tren por China.

En Kunming pasé tan solo un día y medio. No es un lugar que tenga
mucho para ofrecer aunque se trata de la ciudad con mejor clima del
país y una de las más tranquilas y relajadas. Me propuse visitar el
centro con sus avenidas anchas, limpias y cuidadas, un par de pagodas,
el templo budista más grande de la ciudad y el parque. El siguiente
destino de la ruta tenía claro que iba a ser la pequeña ciudad de
Dali, adentrándome más en la región, acercándome a las montañas y
dejándo atrás las grandes metrópolis. Un viaje de 8 horas en tren
bastó para llegar. Como no, otra vez con la mejor compañía posible.
Hasta el momento he comprobado que los chinos son de lo más amigables,
simpáticos y hospitalarios. Son personas reservadas y tímidas pero una
sonrisa o un “Nihao” es suficente para que se acerquen con ganas de
entablar una conversación contigo.

En Dáli pude paser un poco por la antigua ciudad antes de que
anocheciera y me pareció de lo más bonita. Tenía pensado pasar un par
de noches más pero descubrí un monasterio arriba en las montañas y,
antes, decidí realizar un retiro de una semana para aprender el arte
marcial del Kung Fú. Este país es enorme y con muchos lugares para
visitar pero no quería perderme la oportunidad de vivir esta
experiencia. En el próximo post mis 6 días en el monasterio
aprendiendo Kung Fú.

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Publicado el marzo 27, 2013 en China y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. INREIBLE, PAÍS…!!!!!!!! LAS FOTOS …POSTALES!!!!!..A SEGUIR CONOSIENDO..!!!!!

  2. UAUUUU!!!!! AlBERT les fotos son fantastiques.Quina maravella..

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