La ciudad de Dáli y Lijiang; la provincia de Yunnan

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Después de los días en el monasterio había que empezar a recorrer la provincia de Yunnan. Hasta el momento, todas las ciudades que he ido visitando en esta zona me han dejado fascinado. Siempre que pensaba en como debía ser China había imaginado este mismo estilo de construcción y arquitectura. Los cascos antiguos con calles empedradas y estrechas, casas de piedra con tejados idénticos, plazas con mucha vida y energía, adornos y luces de las que estamos acostumbrados a ver en las tiendas chinas, música agradable, el aroma y olores, en general un ambiente acogedor y relajado que a uno le dan ganas de no dejar de pasear.

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Dáli, donde realicé el retiro, fue la primera ciudad donde pude presenciar todo lo que anteriormente os he comentado. Pasé un par de días para pasear por las calles, observar cada uno de los rincones del casco antiguo y el segundo día alquilé una bicicleta para ir a visitar unos cuantos pueblos situados alrededor de un inmenso lago. Esta excursión, un total de 40 kilómetros, fue toda una gozada al poderme sumergir en partes mucho más rurales y conocer de cerca el estilo de vida y costumbres. La gente vive la vida pausadamente, con menos estrés y contemplando su alrededor con más detenimiento.

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Fue una aventura cuando una tarde estuve buscando un sitio para conectarme a internet. Nunca antes me había pasado algo parecido. Después de haber conseguido que los encargados del hostal, los cuales no hablaban ni una palabra en inglés, me escribieran en un papel “Internet café” estuve recorriendo las calles en búsqueda de un lugar. Mi sorpresa fue cuando me pedían una targeta de identificación para poder utilizar un ordenador. No entendía absolutamente nada! Hasta que, finalmente, en el cuarto sitio que pregunté, sacarón un montón de targetas y utilizaron una para que pudiera acceder. En fin, imagino que algo raro se traírían entre manos.

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Des de Dalí quería dirigirme a un pequeño pueblo pero se me hizo imposible encontrar a alguien que me indicara la estación correcta. Estuve preguntando un buen rato pero unos me indicaban una dirección y otros la opuesta. Y, claro está, a un taxi tampoco me iba a montar porque haber como se lo explicaba. En estos momentos, como tantos ya vividos en China, uno empieza a poner a prueba (además de la paciencia) su habilidad con la representación gestual y la mímica. Algo que he ido mejorando día a día e incluso a veces me sorprendo a mi mismo.

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Finalmente opté por ir a la estación de trenes y dirigirme a Lijiáng. Está ciudad es hasta el momento la más turística que he visitado en este país, aunque no me extraña. Lo curioso es que los occidentales se pueden contar con los dedos de las manos ya que la gran mayoría son chinos (algo que se repite allá donde voy). Lijiang también tiene un casco antiguo parecido al de Dáli, aunque con más encanto,(según mi punto de vista) puentes de piedra, canales de agua y calles estrechas que conforman un atuténtico laberinto. Tan solo deciros que el día que llegué era de noche y tardé un buen rato para encontrar el alojamiento. Era meterse en un callejón y tener que dar la vuelta para volver a empezar de nuevo desde el punto que recordaba.

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De los dos días que estuve, el primero me dediqué a perderme por las calles abarrotadas de gente, contemplar la ciudad desde lo alto y visitar un parque con un lago que ofrecía unas vistas magníficas. El segundo, alquilé una bicicleta (el transporte perfecto para llegar a lugares de alrededor y, a la vez, hacer ejercicio) y llegué hasta un pequeño pueblo llamado Baisha que aún conserva su autenticidad siendo muy pocos los que lo visitan. Aquí una sorpresa me deparaba. Estaba sentado en unas escaleras contemplando la rutina de la gente cuando una mujer muy mayor se me acercó preguntándome si tenía hambre. Me hizo señas para que la siguiera y me llevó hasta su casa.Aunque no pudimos comunicarnos demasiado pasé un rato muy agradable e inolvidable. Me preparó unos platos de comida deliciosos y comí hasta más no poder. El caso es que es una abuela, la señora Liu, que hace años se dedica a invitar a los turístas a su casa de la forma más hospitalaria posible. Sin duda alguna un ejemplo de persona con un corazón enorme.

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Sinceramente, cada día que pasa en China es una aventura mas para contar, otra anéctdota que siempre voy a querer recordar, experiencias que nunca olvidaré. Y, lo mejor de todo, la gran parte de las veces se trata de histórias divertidas, positivas, graciosas, curiosas y de lo más enriquecedoras.

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Publicado el abril 9, 2013 en China y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. grande compañero , ya me pasaras la data dentro de unos meses cuando ande por ahí, abrazo grande y buen camino, siga disfrutando de ese maravilloso país.

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